viernes, mayo 09, 2008

¿Qué explica la baja en el precio del dólar y cuáles son sus efectos?

(Artículo publicado en sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso, marzo 22, 2008).
Sigue batiendo record el precio del dólar. Ya parece no sorprender la caída de su valor, que lo sitúa hoy al mismo nivel de hace 10 años, entre $430 y $440.

Diversos son los factores que están detrás de la depreciación que experimenta la divisa americana. En primer lugar, hay que tener presente que no es sólo un fenómeno que se vive en Chile, por ejemplo, con respecto al Yen o al Euro, el dólar ha alcanzado su valor más bajo, y de la misma forma en otras partes del mundo las monedas locales se han apreciado en relación al dólar. Esta tendencia mundial responde a la debilidad de la economía norteamericana, explicada por la crisis de los créditos hipotecarios de alto riesgo, lo cual tiene en una posición delicada a diversas instituciones financieras de Estados Unidos, y ante lo cual la Reserva Federal ha reaccionado reduciendo la tasa de interés. Esta reducción, no ha sido seguida por disminuciones de tasas en las demás economías, quienes han mantenido o incluso aumentado la tasa de interés debido a presiones inflacionarias a lo largo del último año, como es el caso de Chile, esto hace que sea menos atractivo mantener los dólares en el país del norte y se produce una entrada de divisa norteamericana en el resto del mundo, lo cual reduce su valor. Además, el dólar ya no es tan atractivo para mantener guardada la riqueza, en consecuencia la gente se refugia en otras monedas de países desarrollados o en metales preciosos o especula en el mercado de algunos recursos naturales.

Esto último nos lleva a otra razón por la cual el dólar disminuye su valor en nuestro país: el precio del cobre. La misma disminución del valor de la divisa americana, trae como consecuencia que en el mercado mundial el precio del cobre aumente, además la demanda por nuestro principal producto de exportación no afloja.

Todo esto trae efectos positivos y negativos sobre diversos agentes en nuestra economía. Lo que más se ha hecho notar en los medios es la complicada situación que enfrentan los exportadores, especialmente los “no cobre”, como el sector agrícola. Por un lado, cada dólar que reciben por sus exportaciones significa menos pesos, con los cuales deben cubrir sus costos, los cuales, dado el escenario de mayor inflación, están aumentando a un ritmo mayor a lo de los años anteriores.

Sin embargo, los efectos negativos no se detienen ahí. Los sectores productivos que compiten con importaciones enfrentan hoy un desafío mayor, lo cual también se ve dificultada por el aumento de la inflación de nuestro país, por lo que los precios de productos importados se hacen más atractivos para los consumidores. También, hay que considerar la situación de quienes mantienen parte de su riqueza en dólares. La pérdida de valor de la divisa provoca que ahora su riqueza en pesos sea menor. En este caso, no hay que olvidar que el estado chileno mantiene una importante parte de sus recursos depositados en el extranjero en dólares, por lo que hay un efecto negativo no sólo para el sector privado.

Por otro lado, hay una serie de efectos positivos, los cuales no se destacan mayormente. Ya fue señalada la disminución del precio de productos importados, con lo cual se puede adquirir bienes y servicios desde el resto de mundo con mayor facilidad, lo cual ha sido evidente en el caso de viajar al extranjero. Esto se complementa con una ayuda a la reducción de las presiones inflacionarias que hemos estado experimentando. La reducción de los precios de productos importados al expresarlos en pesos, incide en un menor IPC.

Relacionado con lo anterior está el hecho de poder importar bienes de capital e insumos utilizados en la producción de bienes y servicios en nuestro país, esto facilita la actividad económica en nuestro país, especialmente reponer capital a menor costo, la cual enfrenta restricciones energéticas y la incertidumbre producida por la volatilidad mundial. Finalmente, quienes tengan deuda en dólares e ingresos en pesos mejorar su posición financiera.

Ante todo lo anterior, hay que señalar que el Banco Central no tiene compromisos con un valor del dólar, es más, la baja en su valor ayuda a reducir la tasa inflacionaria que se encuentra por sobre el techo de la meta. Emitir títulos de deuda en dólares es la forma que tiene para intentar reducir la caída. Por otro lado, el gobierno puede apoyar al dólar, evitando expandir el gasto fiscal y manteniendo los recursos adicionales que recibe por el mayor precio del cobre en el extranjero. Y no hay que olvidar que la caída del precio del dólar es un fenómeno mundial, ante lo cual es mejor acostumbrarse.

Impuesto a la gasolina

(Columna de opinión publicada en sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso, 15 de marzo de 2008).

Tras el anuncio del gobierno de una conjunto de medidas para impulsar la actividad económica, inmediatamente se escucharon voces de agrado con la reducción del impuesto específico a la gasolina, lo cual representaría alrededor de $50 por litro, si usa 40 litros a la semana, significa $8.000 mensuales, aproximadamente, o $100.000 al año.

Además del alivio presupuestario que esto implica para la “clase media”, de la cual recurridamente muchos se han estado refiriendo, porque equivocadamente la mayoría se cree de “clase media”, aunque en realidad pertenecen al 10 o 5% de más altos ingresos; uno de los aspectos que más se ha resaltado de la rebaja del impuesto es su impacto inflacionario. Se estima que la disminución en la inflación sería alrededor de 0,5%, lo cual es bienvenido, por la situación que hemos estado enfrentando desde el año pasado, donde la inflación anualizada ya ha alcanzado el 8%, luego de varios años con un registro en torno a la meta del Banco Central, 3%.

Sin embargo, sólo después de la euforia inicial, se han escuchado argumentos que son necesarios tomar en cuenta para que la decisión que se adopta, consideré los costos que se enfrentan. Por ejemplo, el problema con la gasolina es que el petróleo es cada vez más caro en el mercado mundial, por lo que deberíamos ser más cuidadosos en su uso, y aquí al rebajar el impuesto estimularemos su consumo, el mundo al revés. Además, el uso del automóvil es incentivado, por lo que generará efectos perversos del punto de vista de la congestión, por lo tanto nuevamente en el consumo de gasolina, y la contaminación.

Sin duda, es necesario colocar en la balanza tanto los aspectos positivos como negativos de las medidas que se implementarán, teniendo presente, como decimos desde la economía, que “no hay comida gratis”, o sea en cada decisión alguien pagará algún costo.

Futuro Profesional

(Columna de opinión publicada en sección Empresa & Economía de El Mercurio de Valparaíso, enero de 2008).
Hace pocos días una nueva generación de jóvenes se matricularon en las universidades tradicionales de la región y el resto del país. Una decisión trascendental que en su mayoría se toma con muy poca información. En las últimas semanas han aparecido en los medios, una serie de notas respecto a la situación de instituciones de educación superior, como por ejemplo, el resultado del proceso de acreditación, dificultades de encontrar trabajo de algunos profesionales, niveles de sueldo por profesión, etcétera. Muchos elementos que no necesariamente están siendo analizados por lo postulantes o que a veces se contraponen a lo que el joven siente como vocación o las aspiraciones de los padres.

Sin embargo, ¿cuánta información es necesaria para tomar una decisión más acertada a los 18 años? Hasta ciertas iniciativas legales han sido anunciadas por parte de parlamentarios, especialmente para regular el tipo de información que se incluye en los avisos, como la acreditación y el campo ocupacional, lo cual es necesario, aunque lo ideal es que los datos fueran auditados, pues la inversión en tiempo y de dinero que significa el estudio en la educación superior son significativos, y el efecto sobre el futuro de los jóvenes es gigantesco.

Sin embargo, debe quedar claro que ninguna institución puede asegurar el futuro laboral, lo que si deben hacer es trabajar durante los años de formación para mejorar la empleabilidad del profesional. No menor es darse cuenta que el nivel de desempleo de los profesionales es menor que los no profesionales, aunque también hay que considerar que uno no necesariamente termina ejerciendo la profesión que estudio. Nuevamente, ¿puede uno estar completamente seguro de lo que quiere ser el resto de su vida a los 18 años? El estudio en la universidad es una etapa que ayuda a canalizar esa búsqueda de futuro, que no tiene porque quedar limitada al ejercicio de la profesión, y lo dice alguien que estudio para ser ingeniero comercial y que en el camino descubrió el deseo de dedicarse a enseñar e investigar economía, muy lejos de la idea de futuro que rondaba la cabeza cuando uno terminó la educación media.

La Meta de Inflación

(Artículo publicado en sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso, Diciembre 1, 2007).
El presente año el país ha enfrentado fuertes presiones inflacionarias cuyas mayores fuentes han sido el efecto de la tendencia alcista del precio del petróleo en el mercado mundial y la situación de las heladas, que afectaron a los precios de frutas y verduras. Todo lo anterior, más el aumento del gasto privado y público, han llevado que este año la inflación se encuentre muy por encima la meta que desde comienzo de la década el Banco Central ha perseguido: 3% anual, con un rango de 2 a 4% como aceptable.

¿Por qué metas de inflación?

La meta de inflación responde al reconocimiento que, en el largo plazo, la inflación es producto de un mal manejo de la política monetaria. Por lo tanto, para mantener una inflación baja y estable, el responsable de conducir la política monetaria, el Banco Central, adopta como compromiso una meta, que puede ser puntual o un tramo.

La experiencia histórica, no sólo de Chile, nos entrega evidencia que persiguiendo objetivos como acelerar el crecimiento de manera permanente o siguiendo objetivos propios del ciclo político, la inflación termina acelerándose produciendo negativos efectos para el crecimiento económico y el bienestar de la población, especialmente la de más bajos ingresos. En consecuencia, la recomendación es quitar discreción al instituto emisor, a través de una regla como es la meta de inflación, la cual es verificable mes a mes, a través de la información de la variación del IPC. De esta forma en la medida que el Banco Central conduce la política de forma consistente con la meta, la institución gana en credibilidad.

Sin embargo, esto no nos asegura que siempre se alcance la meta de inflación, todos los modelos empleados, para predecir el efecto de las medidas adoptadas por el Central, están sujetos a cierto nivel de error, además que muchos hechos, como una helada, no son posibles de predecir por modelo alguno.

¿Hay otras reglas?
A partir de la teoría se ha planteado otras alternativas para conducir la política monetaria, con tal de eliminar la discreción. Milton Friedman postuló, décadas atrás, que la mejor forma de conducir la política monetaria era a través de un aumento constante de la cantidad de dinero en la economía, básicamente de acuerdo a lo que la economía es capaz de crecer en el largo plazo. Sin embargo, la realidad muestra que dado la inestabilidad de la demanda por dinero, que hacen los agentes económicos, la sugerencia de Friedman terminaría generando persistente variaciones en la tasa de interés en el mercado, y por lo tanto de la actividad económica.

Otra regla posible es fijar el tipo de cambio, algunos lectores se pueden acordar de los $39 por dólar de fines de la década de los setentas hasta 1982 en Chile, o de Argentina en los noventas con el 1 peso argentino por dólar. Buscar la estabilidad económica fijando el valor de la divisa, eliminar una de las fuentes de la inflación como es las constantes devaluaciones de la moneda local, y poder construir credibilidad en un Banco Central aparecen como algunas de las razones para la adopción de esta medida. Sin embargo, las experiencias han sido que las historias termina en crisis de balanza de pagos y financiera, fuerte recesión con alto desempleo y pobreza.

Por lo anterior, desde 1989, con Nueva Zelandia, la conducción de la política monetaria a través de metas explícitas de inflación ha sido adoptada por un mayor número de Bancos Centrales, que en el caso de Chile es desde 1991, y a pesar de críticas, al menos por los próximos años no se vislumbra un cambio, y las expectativas de los agentes económicos son consistentes con la meta, a pesar de que por varios meses estemos por sobre el 3%.