(Artículo publicado en sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso, 27 de Marzo de 2010).
El terremoto y tsunami, que afectó a parte importante de la población del país hace un mes, producirán una serie de efectos macroeconómicos que pueden ser analizados desde la perspectiva de corto y largo plazo. En general, los efectos de fenómenos naturales, como terremotos o huracanes, destacan por la importante destrucción de capital físico público, carreteras, puertos, aeropuertos, hospitales y escuelas públicas, que afectan la provisión de servicios y las operaciones privadas, como el transporte de personas y mercancías. Además, existe una substancial destrucción de la riqueza privada, tanto de las empresas como de las familias, así podemos ver que distintas fábricas e otras instalaciones se han perdido, al igual que maquinaria y parte de la producción, mientras que familias han perdido total o parcialmente sus bienes inmuebles, casas y departamentos, como bienes muebles, por ejemplo automóviles.
Efectos de corto plazo
En el corto plazo, los problemas que enfrentan diversas empresas para normalizar sus procesos productivos llevarán a un aumento de la inflación y caída en la tasa de crecimiento. Algunas empresas no están en condiciones de producir al mismo nivel que antes, dado la pérdida de parte de sus instalaciones, la dificultad para reparar maquinaria y equipos, o porque los proveedores no pueden entregar las materias primas necesarias en cantidades suficientes. Esto produce escasez lo que repercute en un aumento de precios de algunos bienes y servicios, lo mismo es observable en una serie de bienes y servicios relacionados con la construcción, dada la demanda para reparar las propiedades.
Frente al escenario inflacionario, el efecto se espera que no sea de magnitud importante, por una parte el año previo se caracterizó por una caída en el nivel promedio de precios, y por otro los problemas productivos serían por un período corto de tiempo, lo cual no hace necesario que el Banco Central responda de manera agresiva aumentando la tasa de interés, lo cual afectaría el financiamiento de la reconstrucción.
Efectos de Largo Plazo
La teoría y realidad nos enseña que la destrucción del capital, tanto público como privado, genera una caída transitoria en la actividad económica, luego de la cual la reconstrucción del capital produce una recuperación que tiende a ser sostenida volviendo a niveles previos a la catástrofe. Esta segunda fase permitirá una aceleración de la tasa de crecimiento y recuperar puestos de trabajos que se perdieron, aunque no asegura que en el muy largo plazo podamos mantener elevadas tasas de crecimiento, esto último dependerá de la calidad de las decisiones adoptadas tanto a nivel público como privado. Desde esta perspectiva la situación de emergencia abre la oportunidad de realizar modificaciones a regulaciones y programas en ejecución, tal de impactar positivamente el crecimiento de tendencia.
Sin embargo, aunque se espera que volvamos al nivel de capital pre-catástrofe, no se debe perder de vista los efectos distributivos que se producen en estas situaciones. Familias y empresas han perdido parte de su capital, algunos recuperarán algo a través de seguros que tenían contratado o de la ayuda que están recibiendo de agencias públicas y privadas. La situación de las regiones severamente afectada puede ser al final, desde el punto de vista económico, negativa o irónicamente positiva si los flujos de recursos superan el valor del capital destruido. Otra dimensión que no se debe perder de vista, desde el punto de vista redistributivo, es que pueden ser negativamente afectados aquellos que no recibirán fondos públicos que serán redireccionado a los planes de reconstrucción, y los recursos que los privados destinan a obras de caridad pueden desviarse de manera importante hacia las regiones del O’Higgins, Maule y Bío-Bío.
Clave para la reconstrucción
La magnitud de la destrucción implica que la recuperación tardará al menos un par de años, la velocidad de esta recuperación depende de manera significativa en una variable clave: el acceso al crédito. La reconstrucción necesita ser financiada, familias y empresas están en condiciones de fragilidad, del punto de una evaluación crediticia, por lo que es necesario diseñar los apropiados mecanismos que permitan el acceso al financiamiento por parte de los privados, teniendo presente las condiciones excepcionales que vive el país desde el 27 de febrero y la debida prudencia para mantener la fortaleza del sistema financiero.