¿Estatal o Privado?
(Columna de Opinión publicada en sección Empresas & Negocios de El Mercurio de Valparaíso, 12 de enero de 2013). De manera reiterada, en la discusión pública, las posiciones se polarizan entre optar por la vía privada, por parte de los que desconfían del estado; y los que prefieren entregar al estado un rol central, incluso hegemónico, por sobre la acción de los privados, al sospechar de estos últimos. El siglo XX estuvo dominado por estas visiones antagónicas, y al parecer para algunos no están superadas. Frente a errores, abusos o problemas que impliquen efectos significativos a la población, inmediatamente aparecen las voces demandando cambios sustantivos para mover el péndulo de un extremo a otro. Es así que cuando el problema lo han generado los privados, los críticos claman porque el estado es el que debería llevar a cabo esta acción, y viceversa. Un ejemplo claro, estos últimos años, ha sido la situación de la educación. Frente a resultados, problemas y acciones ilegales cometidas por los dueños de algunas instituciones, algunos han llegado a proponer que la solución viene por el lado de devolver al estado el rol central como proveedores de educación. Sin embargo, no toman en cuenta que muchas veces los peores, a lo más resultados similares, lo logran tanto el sector público como los privados. También, que frente a acciones ilegales de los dueños de instituciones privadas podemos contrastarlas con acciones de corrupción en las que se han visto involucrados directivos de instituciones de educación estatal. Avanzar hacia un consenso, conjugando un rol tanto para el sector público como privado debería ser una tarea que nos ocupe en el siglo XXI, pero muchos prefieren seguir atados a preceptos del siglo XIX.

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