viernes, marzo 13, 2009

Navegando la crisis

(Artículo publicado en sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso, 7 de Marzo de 2009).
La caída de la actividad económica mundial se ha comenzado a manifestar en las cifras de nuestra economía desde fines de 2008. Estados Unidos, Europa y Japón experimentan caídas en la producción desde meses atrás, mientras que en países como China, India y Brasil evidencian disminuciones en sus tasas de crecimiento, sin llegar a experimentar una recesión.

En este contexto internacional, conjugado con alto nivel de incertidumbre, especialmente sobre la eficacia de las medidas adoptadas en Estados Unidos para superar la crisis, la economía chilena se ve sacudida. En los últimos meses de 2008, la caída de los precios de los principales productos de exportación y deterioro de la actividad de distintos sectores económicos fue significativa. Lo anterior ha sido seguido por incremento de la tasa de desempleo, ante una lenta expansión del empleo. Sin embargo, aún no es notorio en el empleo asalariado, aunque crece de manera más lenta, las últimas cifras de empleo del INE reflejan principalmente la fuerte caída en el trabajo por cuenta propia (-2,3%).

La situación actual del país es mejor que periodos como la crisis asiática, a fines de los años noventa, o la crisis de la deuda externa, a comienzo de los años ochenta. En 1982 la caída de la producción fue cerca del 15% y el desempleo superó el 20%, llegando al 30% al incluir a los empleados en programas de emergencia (PEM y POJH). A diferencia de esos períodos, en la última década, el conjunto de políticas macroeconómicas y la regulación son consistentes y evitan a que los errores de políticas terminen en magnificar los efectos negativos que se transmiten desde la economía mundial.

Además, lo que destaca es que esta vez el fisco cuenta con recursos para enfrentar este escenario. En el pasado, como es la situación presente de varios países latinoamericanos, frente a la caída de la actividad y cierre del acceso al crédito doméstico e internacional, el gobierno terminaba reduciendo el nivel de gasto fiscal, incrementando de esta manera la caída en la demanda agregada y los efectos negativos en materia de empleo.

El gobierno ya ha hecho el anuncio de aumentar de manera extraordinaria el gasto fiscal, por sobre lo establecido en el presupuesto 2009, por cerca de cuatro mil millones de dólares, recurriendo al ahorro acumulado en los años anteriores para financiar el déficit que este mayor gasto producirá. Es aquí donde se ven los frutos del esfuerzo de los años anteriores, cuando se decidió no gastar la mayor parte de los ingresos extraordinarios que se generaron por los altos precios del cobre, explicitado en la regla de superávit estructural. Por esto es que se cuenta con recursos en momentos que el acceso a fuentes de financiamiento es más restrictivo para economías emergentes.

Sin embargo, la disponibilidad de recursos es un aspecto del problema. Se debe tener presente que el aumento del gasto fiscal permitirá disminuir los efectos negativos, en ningún caso anularlos por completo. El gasto fiscal representa cerca del 12% del PIB, mientras que la inversión y las exportaciones corresponden a cerca del 25% y 40% del PIB, respectivamente, por lo que una contracción importante de estos componentes, sólo podrá ser contrarrestada parcialmente por el mayor gasto fiscal y reducción de impuestos. A lo anterior hay que tener presente que el plan fiscal genera presiones para que el peso se aprecie no permitiendo recuperar la competitividad del sector exportador con una mayor devaluación de nuestra moneda.

Además, es necesario tener presente el momento en que se dará el impulso fiscal y por cuánto tiempo. Los anuncios de mayor gasto requieren de tramitación parlamentaria lo cual puede terminar postergando el momento de entrada en vigencia del plan de estímulo, reduciendo con esto la efectividad. También es crucial ver el impacto que ese mayor gasto tendrá sobre la actividad y el empleo, desde ya se han anunciado importantes montos para la construcción de infraestructura pública, que ayude a compensar la caída de la demanda por construcción privada.

En las consideraciones adicionales frente al desafío que está abordando el gobierno, hay que tener presente que las medidas que se adopten hoy y que se suponen deben ser transitorias, pueden tener significativos efectos de largo plazo. Este es un aspecto crucial y que ante la emergencia de corto plazo no necesariamente se le presta la atención debida, y con el riesgo que significa un escenario eleccionario a final de año, lo cual puede desviar los objetivos del conductor de política de la estabilización de la economía a aumentar la probabilidad de reelección.

El panorama económico para 2009

(Artículo publicado en sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso, 3 de Enero de 2009).

El año 2008 termina, en materia económica, marcado por el desarrollo de la crisis financiera internacional y los efectos sobre la economía real que han llevado a las principales economías del mundo a entrar en una recesión o estar a las puertas de ella. Por su parte, el nuevo año no será un feliz año nuevo, la economía mundial estará en la etapa profunda de los efectos recesivos, con las expectativas que en la segunda parte del año se comenzarán a sentir la recuperación, aunque aún con alto nivel de incertidumbre respecto a la profundidad y duración de esta etapa recesiva.

Nuestra economía, como las demás economías del mundo, no está ajena a estos eventos mundiales. En pocas semanas hemos visto como precios de commodities como el cobre y el petróleo han caído desde niveles históricamente altos, lo cual repercute en el ingreso que generan las exportaciones de los respectivos países, aunque en el caso de Chile, la caída del precio del petróleo es un hecho que ayuda a reducir las presiones inflacionarias, que fue la principal preocupación durante los primeros 10 meses del año.

Sin embargo, los efectos van más allá del cobre y petróleo. Diversos sectores exportadores enfrentan el negativo panorama externo, cayendo sus volúmenes y precios ya a fines de 2008, y con poco auspiciosas perspectivas para 2009. El sector de la construcción ha visto fuertemente frenada su actividad; en este sentido, la dificultad en el acceso al crédito en tiempos de turbulencia son parte fundamental de la situación que lo afecta, y la experiencia muestra que es uno de los últimos en recuperar su ritmo previo a una desaceleración de la actividad. Por su parte, el comercio se encuentra con un consumidor cauto en materia de gasto ante los anuncios de mayores niveles de desempleo para 2009, después de un año de tasas inflacionarias significativamente más altas en la presente década.

Ante tan negativo panorama, hay que señalar aspectos positivos. En primer lugar, fruto de la regla de superávit estructural, el sector fiscal cuenta con importantes recursos para mantener el gasto social, y no verse en la obligación de recortar esos gastos justo en momentos que la situación social se deteriora. En 2009, el sector fiscal experimentará déficit, pero su bajo nivel de deuda y alto nivel de ahorro hoy, a diferencia del pasado, hacen sostenible mantener y aumentar el gasto fiscal, dentro de márgenes de equilibrio de largo plazo.

Además, el Banco Central cuenta con una posición sólida de reservas internacionales, que en conjunto con un tipo de cambio flexible, permiten enfrentar de mejor manera el deterioro de la cuenta corriente que se ha empezado a experimentar en los últimos meses de 2008 y que permanecerán durante 2009. La flexibilidad cambiaria ayuda a reducir el impacto negativo de la caída de los precios de nuestras exportaciones y a recuperar rápidamente la competividad en un mercado internacional sumido en una recesión.

Finalmente, a diferencia de lo ocurrido en el norte donde una serie de instituciones financieras han quebrado o han sido intervenidas, el sector financiero en nuestra economía permanece con una posición sólida, al no tener activos tóxicos ni haber cometido los excesos de sus pares en países desarrollados. La regulación y supervisión implantada en Chile, después de la crisis del año 82, muestran sus frutos hoy.
Todo lo anterior nos proyecta un año 2009 de menor crecimiento. Mientras 2008 cerrará con una expansión del PIB alrededor del 4%, para el próximo año se espera un crecimiento de 2%, aunque con un alto grado de incertidumbre, que perfectamente podría situar la expansión bajo ese nivel. Esto ya está alertando respecto a mayores tasas de desempleo para el nuevo año, producto del aumento de los despidos y el aumento de personas, principalmente mujeres, que se están integrando a la fuerza laboral. Al menos una noticia positiva, la inflación debería situarse a final de año cerca del 4%, luego de dos años de estar por sobre ese nivel.

No hay que perder de vista que frente al complejo escenario, las presiones de diversos grupos por capturar parte de los recursos del fisco serán fuertes, más aún considerando que es un año de elección presidencial y parlamentaria. Por otro lado, el diseño de planes públicos para hacer frente a la difícil coyuntura deben cuidar los posibles efectos negativos de largo plazo que se podrían producir.