lunes, enero 28, 2013

El déficit de la Cuenta Corriente

Signos de preocupación ha despertado el déficit de Cuenta Corriente que ha presentado Chile en los últimos años, en especial, que éste ha ido aumentando de manera importante. En 2011 fue de -1,3% del PIB, en 2012 ha sido de -3,8%, y las proyecciones iniciales, para 2013, es de un déficit superior al 4% del PIB. ¿Qué es la cuenta corriente de un país? La cuenta corriente corresponde a una de las principales cuentas de la Balanza de Pagos, esta balanza registra las transacciones de los residentes habituales de un país con los residentes habituales del resto del mundo, en un período de tiempo determinado, generalmente un trimestre o un año. Por lo tanto, cada transacción implicaría, para el país, una entrada o salida de moneda extranjera. En la cuenta corriente se incluye las transacciones correspondientes a tres subcuentas: a) Comercio de bienes y servicios: un saldo positivo indica que el valor de los bienes y servicios exportados, por el país, superó al de los importados; en consecuencia, obtiene más dólares de lo que gasta. Esta situación es la que presenta nuestro país, generalmente, en el comercio de bienes, aunque ese superávit se ve disminuido parcialmente por el déficit en el comercio de servicios. b) Renta: un saldo negativo indica que el país pagó al resto del mundo, por remuneraciones a factores productivos, capital y trabajo, más de lo que le pagaron del resto del mundo. En el caso chileno, esta subcuenta presenta un saldo negativo, debido a las utilidades que obtiene la inversión extranjera directa en nuestro país. Esto no debe ser considerado como algo negativo, pues si no fuese por esa inversión extranjera, el país no podría alcanzar los niveles de producción que tiene, o tendría que ahorrar más, lo que implica consumir menos, para financiar esos proyectos de inversión. c) Transferencias corrientes: corresponden a transacciones que no involucran una contrapartida, y que son realizadas tanto por el sector privado, personas y empresas, como por el sector público. Un ejemplo claro de este tipo de acción, muy importante en algunos países latinoamericanos, es las remesas enviadas por personas que viven en otro país a sus familiares que viven en el país de origen. En el caso de Chile, tiene un saldo positivo, recibimos más dólares que los que “regalamos” al resto del mundo, pero su monto no es significativo. Implicancias de su déficit En resumen, en el caso de Chile, la situación de los últimos años ha sido que el superávit del Comercio de Bienes y Servicios y Transferencias Corrientes no ha sido suficiente para contrarrestar el déficit de la cuenta Renta. En consecuencia, estamos usando más dólares que los que generamos, por lo que hay que buscar fuentes de financiamiento. Ese financiamiento queda registrado en la Cuenta Financiera. Ahí se descubre, que al igual que un hogar que está gastando en exceso, el déficit se cubre con el préstamo que otros nos hacen o usamos nuestros ahorros. En el caso de un país, la Cuenta Financiera registra estas fuentes de financiamiento, básicamente, en Inversión Extranjera, Endeudamiento Externo y el uso o acumulación de Reservas por parte del Banco Central. Por lo tanto, tener déficit de Cuenta Corriente no es algo negativo per se. En la medida que existen fuentes de financiamiento estables, especialmente inversión extranjera de largo plazo, el país puede mantener un nivel de gasto superior a sus ingresos corrientes. Distinto es el escenario si ese déficit se financia vía deuda externa de corto plazo o utilizando reservas, pues en ese caso la factibilidad de mantener el déficit se ve comprometida. La preocupación actual sobre la situación del país es la magnitud del déficit, el cual superaría el 4% del PIB, en 2013, es decir más de 10.000 millones de dólares. Lograr financiar persistentemente un nivel de déficit de esa magnitud puede ser complejo, en particular en momentos cuando la economía global presenta signos de debilidad. Además, en la historia del país, las principales crisis de nuestra economía han sido precedidas de un deterioro del saldo de la Cuenta Corriente. Sin embargo, la preocupación no debe ser en sentido alarmista. La actual situación de Chile se explica por un elevado gasto en compra de maquinaria y equipos, particularmente para proyectos productivos que a futuro generarán exportaciones, y por lo tanto ingreso de dólares al país. Además, el déficit no ha generado un alto endeudamiento del sector privado y, a diferencia del pasado, tenemos un tipo de cambio flexible, el cual ante situación de fuertes cambios en el escenario internacional, facilitará el ajuste de la economía del país, reduciendo los riesgos de entrar en una crisis de Balanza de Pagos. Como pueden ver la Cuenta Corriente de un país no es muy distante de la situación que tenemos en el hogar. Un manejo apropiado del déficit es posible de sostener, pero no cualquier déficit.

¿Estatal o Privado?

(Columna de Opinión publicada en sección Empresas & Negocios de El Mercurio de Valparaíso, 12 de enero de 2013). De manera reiterada, en la discusión pública, las posiciones se polarizan entre optar por la vía privada, por parte de los que desconfían del estado; y los que prefieren entregar al estado un rol central, incluso hegemónico, por sobre la acción de los privados, al sospechar de estos últimos. El siglo XX estuvo dominado por estas visiones antagónicas, y al parecer para algunos no están superadas. Frente a errores, abusos o problemas que impliquen efectos significativos a la población, inmediatamente aparecen las voces demandando cambios sustantivos para mover el péndulo de un extremo a otro. Es así que cuando el problema lo han generado los privados, los críticos claman porque el estado es el que debería llevar a cabo esta acción, y viceversa. Un ejemplo claro, estos últimos años, ha sido la situación de la educación. Frente a resultados, problemas y acciones ilegales cometidas por los dueños de algunas instituciones, algunos han llegado a proponer que la solución viene por el lado de devolver al estado el rol central como proveedores de educación. Sin embargo, no toman en cuenta que muchas veces los peores, a lo más resultados similares, lo logran tanto el sector público como los privados. También, que frente a acciones ilegales de los dueños de instituciones privadas podemos contrastarlas con acciones de corrupción en las que se han visto involucrados directivos de instituciones de educación estatal. Avanzar hacia un consenso, conjugando un rol tanto para el sector público como privado debería ser una tarea que nos ocupe en el siglo XXI, pero muchos prefieren seguir atados a preceptos del siglo XIX.

El crecimiento en el largo plazo

(Artículo publicado en sección Empresas & Negocios de El Mercurio de Valparaíso, 15 de septiembre de 2012). Días atrás, el comité consultivo, convocado por el Ministerio de Hacienda, consensuó una tasa de crecimiento de largo plazo de la producción del país - PIB tendencial- en 5%, este indicador técnico es uno de los ingredientes considerados en el marco para establecer el nivel de gasto público que se presentará en el proyecto de presupuesto a fines de septiembre. Pero, ¿qué es el crecimiento del PIB tendencial?, este corresponde a una estimación de la capacidad de crecimiento de la economía del país, bajo la condición de normalidad. La importancia para la definición del presupuesto fiscal es que, en el caso de Chile, el gobierno se rige por una regla fiscal, la cual permite establecer un nivel de gasto para el gobierno en función de los ingresos medios de largo plazo. En la medida que crece la economía del país, crecen los ingresos del sector privado, recolectando más impuestos el gobierno. Los factores que determinan esa tasa de crecimiento son la acumulación de factores productivos y el crecimiento de la productividad. Cuando hablamos de la acumulación de factores productivos, nos referimos a la acumulación de capital, la cual depende de la inversión que se haga en el país año a año, actualmente nuestra tasa de inversión como porcentaje del PIB es 24%, aproximadamente, lo que implica que la formación bruta de capital fijo crece en torno al 6%. La acumulación de factores productivos, también incluye el crecimiento de la fuerza laboral, la cual se encuentra en el rango de 1% a 2%, últimamente. Sin duda que el aumento de la incorporación de la mujer al mercado laboral, cuya participación aún es baja, haría posible mantener una expansión de la fuerza laboral más dinámica. Por su parte, el crecimiento de la productividad se refiere a la capacidad de un país de poder producir más con la misma cantidad de los factores productivos. El crecimiento que se basa en el aumento de la productividad es consecuencia del progreso tecnológico, en otras palabras, de hacer mejor las cosas. Crecer más rápido Aún muchos añoran la realidad de la década de los años noventas, cuando la economía del país crecía a un 7% anual, lo que equivale a un 40% más rápido que las perspectivas para los próximos años, 5%. El crecer a una mayor velocidad no es una diferencia menor. Usando la regla matemática conocida como la Regla del 70, la cual nos dice el número aproximado de años que demora el PIB en duplicarse y corresponde a 70 dividido por la tasa de crecimiento, crecer a 1% anual implica que se demorará 70 años en duplicar el ingreso, es decir un niño que hoy tiene 5 años, sólo en los años cerca de su muerte vivirá en un país con ingreso que es dos veces lo que tiene hoy. Si crece a 5% anual, demora 14 años, o sea ese niño será un joven universitario cuando se duplique el ingreso. Si crece a 7%, esto sucederá en 10 años, o sea el niño será un quinceañero estudiante de enseñanza media. Finalmente, si crece a 10% anual, antes de terminar la enseñanza básica se duplicaría el ingreso. Pero la realidad de los noventas en muy distintas a la de hoy. Mientras que es esa década la productividad explicaba cerca del 50% del crecimiento, ahora esa proporción es cercana al 10%. La fuerte caída en el crecimiento de la productividad es la principal razón del menor dinamismo de la economía, lo cual se ve reflejado en indicadores publicados, recientemente, por organizaciones internacionales. La caída en los rankings de competitividad e innovación son manifestaciones de aquello y nos pueden dar luces hacia los factores que hay que prestarle atención si deseamos contar con una economía más dinámica. Algunas noticias positivas son el proyecto que reforma los procesos para iniciar nuevas empresas, buscando reducir la cantidad de trámites, el número de días y el costo que esos trámites involucran. Otro ejemplo es el programa Start-Up Chile, creado por el gobierno que busca atraer emprendedores con ideas de negocios que están en etapas tempranas, para que vengan a Chile y utilicen al país como plataforma para salir al mundo. Este programa logró que, en la segunda versión, se presentaran más de mil postulantes, siendo seleccionados 100, dentro de los cuales 26% son chilenos, uno de los cuales es Camilo Niemeller, alumno de último año de Ingeniería Comercial de la PUCV. Dentro de las noticias negativas se encuentran las perspectivas de estrechez en la disponibilidad de energía para el futuro, la caída en los niveles de confianza en las instituciones, las acciones que afectan a la competencia y la gestión de negocios de manera irresponsable, entre otros. Para ejemplificar los efectos del mayor crecimiento, en el marco de la discusión tributaria que ha existido en el país, en el último tiempo, crecer a un 5% permitiría recaudar unos 2.500 millones adicionales al año, si se creciera al 7%, el aumento en la recaudación sería de 3.500 millones anual.

Más que una medalla

(Columna de Opinión publicada en sección Empresas & Negocios de El Mercurio de Valparaíso, 18 de agosto de 2012). La semana pasada concluyó una nueva edición de los Juegos Olímpicos y nuevamente nos sorprendieron el despliegue técnico, la puesta en escena y sobre todo el desempeño deportivo, que cada vez nos lleva a dudar respecto a cuál es el límite para el cuerpo humano. Citius, Altius, Fortius (más rápido, más alto, más fuerte) ha sido el lema que ha guiado el esfuerzo de los deportistas, siendo capaces de lograrlo gracias a la incesante voluntad de buscar cómo hacerlo mejor. Sin embargo, la voluntad del deportista no ha sido lo único; los desarrollos tecnológicos que impactan en aspectos como el equipamiento deportivo, la alimentación y técnicas de entrenamiento, entre otros, han sido elementos centrales que contribuyen a alcanzar estos logros. La situación que enfrenta la economía de un país, las empresas y cada uno de nosotros es equivalente a la de estos deportistas. Cómo mejorar debería ser una pregunta que nos preocupe y ocupe. En el caso de una empresa, no hacerlo implica firmar su sentencia de muerte, pues otras sí lo harán, llevándola a pasar de una situación presente en que se ostenta la medalla de oro o plata, a quizás ni siquiera clasificar para los juegos. Para los países, impulsar la mejora continua se reflejará en el aumento de la productividad, que es la forma de asegurar un crecimiento sostenible a largo plazo, lo cual implica un avance en el nivel de bienestar de la población. Nuestro país fue capaz de hacerlo en la década de los noventas, sin embargo, los últimos 15 años la productividad ha sido modesta y vemos como otros son capaces de progresar más rápido.

La Inversión y los Impuestos

(Artículo publicado en sección Empresas & Negocios de El Mercurio de Valparaíso, 5 de mayo de 2012). En el marco de la propuesta de reforma tributaria anunciada por el gobierno, la proposición de aumentar el impuesto a las utilidades de la empresa, permanentemente, de 17% a 20% ha provocado diversas reacciones en relación a los posibles efectos sobre la inversión. El gasto que las empresas realizan en bienes de capital es fundamental para reemplazar la maquinaria y equipo que se ha depreciado y permitan mantener el nivel de producción; y más aún, el aumento del stock de capital permitirá la expansión de la producción, logrando alcanzar un nivel de vida más alto en el futuro. La decisión de las empresas sobre su gasto en inversión depende de varios factores. Desde el punto de vista teórico, la empresa compara el beneficio que genera la unidad adicional de capital respecto a su costo, por lo tanto un aumento en los impuestos a la utilidad de la empresa, reduce el incentivo a invertir, pues parte del beneficio no queda para el dueño de la empresa, sino que va al estado. Sin embargo, los impuestos no son el único factor que afecta la decisión de la empresa. El acceso a financiamiento es crucial para concretar los proyectos. Podemos enfrentar la situación de empresas que tienen proyectos rentables, incluso con mayores impuestos, pero al no tener acceso a fuentes de financiamiento no se llevan a cabo. En este sentido, el alza de la tasa impositiva reduce la capacidad de empresas a financiarse con las utilidades que genera el negocio y no son distribuidas a sus dueños, financiamiento con recursos propios, afectando negativamente a la inversión. Además, otro factor importante en la decisión de invertir del sector privado dice relación con la estabilidad política e institucional que vive el país, el respecto a la ley y a los derechos de propiedad. Teniendo presente que la empresa hoy hará la inversión y los beneficios los obtendrá a futuro, una alta incertidumbre a lo que pueda suceder mañana con el país y la empresa desincentivará la inversión. Un ejemplo claro es el caso de la expropiación, si las leyes permiten que fácilmente la autoridad pueda expropiar una empresa a sus dueños, menor será el interés de invertir en dicho país, pues aumenta el riesgo de no poder seguir operando y obteniendo los ingresos futuros que permitan recuperar la inversión realizada y obtener ganancias. Ahora, al revisar la situación del país, encontramos que la tasa impositiva a las utilidades de las empresas- impuesto de primera categoría- ha variado de manera significativa en los últimos 30 años. A comienzos de los años 80, la tasa era de 50% aproximadamente. Tras la crisis económica del año 82, para ayudar a la recuperación de la producción, fomentando la inversión, la tasa paulatinamente bajó hasta 10% en 1986, en este escenario la fuerte caída sin duda produjo una disminución significativa en el costo y facilitó el financiamiento con recursos propios. En 1990, en el gobierno del presidente Aylwin, una importante reforma tributaria fue consensuada, subiendo la tasa a las utilidades al 15%, con el fin de aumentar el gasto social tal que ayudara a reducir la pobreza, la cual alcanzaba a cerca del 40% de la población. En la última década, la tasa aumentó a 17%, en 2004, y luego del terremoto de 2010, transitoriamente se acordó el aumento a 20% para luego bajar a 18,5%, en 2012, y volver a 17% el próximo año. En 2010, un estudio publicado por Rodrigo Cerda y Felipe Larraín, actual Ministro de Hacienda, en la revista científica Small Business Economics, analiza el impacto de la tasa impositiva sobre el stock de capital, en Chile. El resultado es el teóricamente esperado, un aumento en la tasa de impuestos reduce la compra de bienes de capital por parte de las empresas chilenas. Sin embargo, cuando diferencian según el tamaño de las empresas, encuentran que el efecto negativo se mantiene para las pequeñas empresas, pero desaparece en el caso de las grandes empresas. La explicación para la divergencia en el efecto radica en el acceso al financiamiento. Mientras las grandes empresas pueden recurrir a distintas fuentes de financiamiento, bancos, AFPs, y otras, las pequeñas empresas no las tienen, siendo las utilidades retenidas su principal vía para financiar la adquisición de nuevos bienes de capital. Teniendo en consideración los aspectos teóricos y la evidencia reciente, para el caso chileno, se puede concluir que la propuesta de aumento del impuesto a las ganancias de las empresas de 17% a 20% no debería afectar a la inversión en el país, que realizan las grandes empresas dada la estabilidad institucional y el acceso a financiamiento, debiendo tener cuidado con la situación de las pequeñas empresas, las cuales podrían verse afectado por menor disponibilidad de recursos propios para abordar sus proyectos.

Reforma Tributaria: para tener en cuenta.

(Columna de Opinión publicada en sección Empresas & Negocios de El Mercurio de Valparaíso, 21 de abril de 2012). Para este mes ha sido anunciada la presentación de un proyecto de reforma tributaria. Aprovecharé estas líneas para señalar dos consideraciones que, en mi opinión, son importantes tener en cuenta. En primer lugar, hay que considerar que la recaudación de impuesto persigue un fin principal: financiar los gastos del fisco.Por lo tanto, primero debemos tener claro qué queremos que haga el estado, qué funciones debe cumplir, qué servicios y con cuál nivel de calidad queremos recibir como sociedad. Hablar de reforma tributaria sin predefinir lo anterior sería equivalente a colocar la carreta antes que los bueyes.Perfectamente lo que unos piensan que se debe hacer, por ejemplo, en educación requiere muchos recursos, mientras que otros quizás tienen en mente otros cambios que requieren menos dinero, por lo tanto no sabemos si la reforma permitirá financiar lo deseado. Hay otras funciones del estado, respecto de las cuales, también se requiere de más recursos y no se ha determinado lo que se pretende hacer. En segundo lugar, la política tributaria tiene efectos distributivos.Un sistema impositivo podría permitir recaudar un mayor porcentaje de dinero de las personas de altos ingresos. En la práctica, los distintos grupos de ingresos terminan pagando un porcentaje similar de impuestos, a pesar que el impuesto de la renta es progresivo, los impuestos indirectos, como el IVA, terminan anulando ese efecto, pero un elemento que se debería revisar, en una eventual reforma, es el conjunto de franquicias y beneficios tributarios, a las cuales, en general, sólo pueden optar las personas de ingresos altos.