lunes, septiembre 19, 2005

¿Fumar o no fumar? El dilema del fumador pasivo



La semana pasada asistí a un concierto con mi hija. La molestia fue que primero dos chicos, y luego dos chicas, sentados en la fila delante nuestro, fumaban. Lo sorprendente es que al pedirle a uno de los chicos que dejara de tirar el humo hacia donde nosotros estábamos, una de la chicas reaccionó airada porque yo estaba pidiendo eso, sin hacerlo “por favor” (cosa que si hice). Luego, hacia al final del concierto, una pareja de chicos se sentaron al lado nuestro, y a fumar se a dicho. Al señalarles que el humo nos molestaba la respuesta “delicada” fue: “que quiere que haga si el aire está para allá”.

Esto se presenta justo cuando en el Senado se discute una nueva ley respecto al tabaco, que restringiría el consumo y la publicidad, pero vemos como intereses y la desesperación de consumidores adictos a la nicotina, ocultos en argumentos sobre el derecho a la libertad, levantan presión y aparecen parlamentarios defendiendo sus “derechos”, como si alguien les prohibiera fumar.

Recuerdo la frase: “si curao manejo mejor”, ¿dejaríamos a un ebrio tomar la decisión de manejar o no? ¿debemos hacer caso que el enfermo de tabaquismo nos diga que tenemos que aceptar su humo en espacios públicos? o ¿se olvida que parte de nuestros impuestos irán a pagar sus futuras enfermedades producto de su adicción y a los que se vean afectado como fumadores pasivos? (los recursos recaudados por el impuesto al tabaquismo no serán suficiente).

El que desee fumar que fume, en su hogar (aunque quizás no le dan permiso y ¿nosotros si tenemos que aceptarlo?). Lugares públicos, sean abiertos o cerrados, no deben ser autorizados para fumar, pues se afecta la voluntad del no fumador, y con la experiencia de la semana pasada vemos que la preocupación por los demás no es necesariamente una característica de un adicto. Y cuando me refiero a lugares públicos hay que incluir a restaurantes, pubs, discotecas y casinos (lo siento por los jugadores de póquer acostumbrados a su nube de humo), pues en ella no sólo van otras personas que no son fumadoras, sino que trabajan personas que no tienen posibilidad de pedirle a clientes que no fumen, incluso si lo pide “por favor”. En los últimas décadas hemos avanzados en materia de no fumar en lugares públicos, ahora hay que dar un gran salto.

viernes, septiembre 09, 2005

New Orleans, petróleo y discriminación: El que no llora, no mama


Artículo escrito para sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso (10 de septiembre de 2005)


La semana pasada nos remecimos con la furia de Katrina, huracán que dejó graves daños en los estados de Alabama, Mississippi y Louisiana, dejando sumergida gran parte de New Orleans. En esta última ciudad, miles de personas quedaron sin alimento ni agua, hacinadas en el estadio Superdome y en el Centro de Convenciones, miles de pobres, principalmente población negra, de color o africanos-americanos (para ser políticamente correcto), que no tenían como salir de la ciudad antes de que llegara el huracán. Y la ayuda no llegó con la rapidez esperada en la primera potencia mundial.

¿Discriminación racial y/o social?

En general, los grupos de más bajo ingreso no tienen poder para presionar a las autoridades, a través del lobby o los medios de comunicación. La atención de las autoridades, y los recursos que manejan, muchas veces se desvían hacia las demandas que pueden hacer con mayor fuerza, individuos o grupos que tienen mejor acceso a los que toman las decisiones y a los medios de comunicación.

¿Y qué sucede acá en el sur?

Periódicamente, cuando sube el precio de la gasolina, escuchamos múltiples voces, exigiendo que el corazón del Ministro de Hacienda se ablande y tome medidas para frenar las alzas. Los efectos de Katrina en el Golfo de México sobre la producción y refinación del petróleo, amenazaron con aumentos sin precedentes del precio de las gasolinas en Chile, ante lo cual el gobierno anunció que no lo permitiría y que se adoptarían medidas para evitarlo.

Para muchos lectores, incluyendo a este autor, es un alivio escuchar que la gasolina no seguirá esa escalada, pero ello no debiera evitar que analicemos quién asume el costo de no tener que pagar lo que cuesta la gasolina y otros efectos que se generan por esta medida.

Algunos señalan que esto no implica un costo para el gobierno, pues ha estado recaudando más impuestos por el IVA a las gasolinas, gracias a su mayor precio. Sin embargo, la pregunta clave es ¿cuál es la mejor alternativa para los recursos que se emplearán en aliviar nuestras billeteras?, o bien, ¿será lo mejor hacer menos cara la gasolina, para que los automovilistas sigamos utilizando nuestros vehículos?

Veamos un caso: hace algunos años se redujo el impuesto específico al diesel, tras la presión de los camioneros. Este año se ha aplicado un techo al diesel, dado que afecta al transporte público y de carga, lo cual genera impacto importante a los sectores de bajos ingresos y los costos de todos los sectores productivos. Pero, estas medidas han hecho cambiar la conducta de personas de ingresos medios y altos, quienes han adquirido automóviles a diesel y no a gasolina. Es decir, entre todos estamos contribuyendo a financiar el transporte de las familias de ingresos medios y altos; y si hablamos de esos todo-terreno de 15 millones de pesos y más, cabe preguntarse ¿no había una medida mejor que controlar el precio del diesel? ¿y ahora lo haremos con la gasolina?.
Sin duda, muchos aplaudirán la medida y/o criticarán por qué no se hizo antes, pero no escucharemos la voz de los más necesitados, quienes pudieron haber recibido esos recursos. Sólo en una catástrofe, como Katrina, estarán en portada y criticaremos por qué no se utilizaron recursos para ir en su ayuda antes. Mientras, saldremos a pasear en el automóvil; total parte del precio lo paga Moya.

jueves, septiembre 08, 2005

80 Años del Banco Central: La sabiduría de los años y los avances de la teoría económica.


Fuente Gráfico: Banco Central de Chile.


Artículo publicado en sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso (13 de agosto de 2005)

En este mes de agosto se cumplen 80 años desde la creación del Banco Central. Esta institución, que conduce la política monetaria del país, se encuentra celebrando este cumpleaños en excelente estado de salud, y con el reconocimiento de los agentes económicos manifestado en la credibilidad de sus decisiones..

En 80 años, la economía ha realizado grandes avances para lograr comprender el rol del dinero y las causas de la inflación, y lo que el Banco Central puede y no puede hacer con la política monetaria. Desde su autonomía respecto del ejecutivo a partir de 1990, se ha logrado materializar un consenso: el Banco Central debe preocuparse de la inflación, pues es a ella a la que puede afectar a través de la política monetaria. Lejos quedaron los tiempos en que el Banco debía financiar el déficit fiscal o promover el crecimiento económico a través de políticas monetarias expansivas. Hoy sabemos que lo anterior termina pasando la cuenta. A través de la aceleración de la inflación que deriva de la excesiva generosidad monetaria se afecta negativamente a los sectores de más bajos ingresos, muchos de los cuales recibe un sueldo fijo en pesos; además se desincentiva la inversión, lo que trae consecuencias negativas sobre las posibilidades futuras de crecimiento y mejoras de los niveles de vida de la población.

Desde comienzos de la década del 90, el Banco Central comenzó a guiar la política monetaria con metas de inflación, siendo de los primeros países en adoptar esta regla monetaria, y el primero que partía de niveles de inflación de casi 30% anual, para converger a una inflación baja y estable de 3%. Mes a mes conocemos la variación del IPC, y otros indicadores de inflación, lo que permite, de manera fácil, monitorear que el Central esté realizando su labor. Los últimos años, además, las autoridades del Banco han tratado de aumentar la transparencia de su accionar a través de la publicación de información monetaria.

Hoy parecen lejanos los días de inflación de más de dos dígitos, pero más de un lector se sorprenderá, pues sólo es algo que obtenemos de manera sistemática desde mediados de la década pasada. Tendríamos que retroceder a 1981 (9,5%) y a 1960 (5,5%) para encontrar un año con inflación de un dígito.
Sin duda, parte importante de este éxito radica en el mejor entendimiento que la ciencia económica tiene del fenómeno de la inflación. Pero aún queda muchas interrogantes que despejar, y la realidad impone la necesidad de seguir trabajando para elaborar mejores explicaciones. Pero no todo el crédito en la reducción de la inflación corresponde al Banco Central. A lo largo de estos quince años se produjeron otros fenómenos estructurales, como la irrupción en el mercado de mundial de China e India, con productos de menor precio, y las ganancias en productividad que experimentó nuestra economía en la década de los noventa.

Salario Mínimo y Desempleo


Comentario Escrito para sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso (2 de Julio de 2005)

Hace pocos días atrás hemos recibido la noticia de un gran acuerdo. El gobierno, la CUT y los distintos sectores políticos representados en el parlamento acordaron el reajuste del salario mínimo de $120.000 a $127.500, a partir del 1 de julio de este año, y anticipándose al devenir económico, a $135.000 a partir de la misma fecha de 2006.

Sueldo de miseria, sueldo de hambre, o quién puede vivir con ese sueldo son algunas de las expresiones que escuchamos. ¿Cómo puede ser que economistas de distintos sectores encontremos que este acuerdo es un error? Primero, quienes negocian el salario mínimo no son los representantes de los que se verán afectados directamente por la decisión. En el sector público, el sueldo más bajo supera al mínimo, en la CUT no están representados los desempleados (en especial jóvenes que ingresan al mercado laboral) y los parlamentarios ..., bueno hay elecciones este año.

Segundo, el salario debe reflejar la productividad del trabajador, y lo que observamos en los jóvenes es una alta tasa de desempleo, es decir, al salario mínimo, las empresas (parece que nadie se acordó de la PYMES en esta ocasión) no están en condiciones de contratar.

Tercero, la situación económica aunque se muestra con mejores perspectivas que el período 1998-2003, enfrenta algunas amenazas, que pueden significar una caída en el crecimiento en 2006-07, y en ese instante subir el sueldo mínimo provocará un aumento del desempleo. Ya lo vivimos en 1999, esperemos que no tropecemos con la misma piedra, pero no porque aprendimos a saltar, sino que por suerte no haya piedra.