¿Fumar o no fumar? El dilema del fumador pasivo

La semana pasada asistí a un concierto con mi hija. La molestia fue que primero dos chicos, y luego dos chicas, sentados en la fila delante nuestro, fumaban. Lo sorprendente es que al pedirle a uno de los chicos que dejara de tirar el humo hacia donde nosotros estábamos, una de la chicas reaccionó airada porque yo estaba pidiendo eso, sin hacerlo “por favor” (cosa que si hice). Luego, hacia al final del concierto, una pareja de chicos se sentaron al lado nuestro, y a fumar se a dicho. Al señalarles que el humo nos molestaba la respuesta “delicada” fue: “que quiere que haga si el aire está para allá”.
Esto se presenta justo cuando en el Senado se discute una nueva ley respecto al tabaco, que restringiría el consumo y la publicidad, pero vemos como intereses y la desesperación de consumidores adictos a la nicotina, ocultos en argumentos sobre el derecho a la libertad, levantan presión y aparecen parlamentarios defendiendo sus “derechos”, como si alguien les prohibiera fumar.
Recuerdo la frase: “si curao manejo mejor”, ¿dejaríamos a un ebrio tomar la decisión de manejar o no? ¿debemos hacer caso que el enfermo de tabaquismo nos diga que tenemos que aceptar su humo en espacios públicos? o ¿se olvida que parte de nuestros impuestos irán a pagar sus futuras enfermedades producto de su adicción y a los que se vean afectado como fumadores pasivos? (los recursos recaudados por el impuesto al tabaquismo no serán suficiente).
El que desee fumar que fume, en su hogar (aunque quizás no le dan permiso y ¿nosotros si tenemos que aceptarlo?). Lugares públicos, sean abiertos o cerrados, no deben ser autorizados para fumar, pues se afecta la voluntad del no fumador, y con la experiencia de la semana pasada vemos que la preocupación por los demás no es necesariamente una característica de un adicto. Y cuando me refiero a lugares públicos hay que incluir a restaurantes, pubs, discotecas y casinos (lo siento por los jugadores de póquer acostumbrados a su nube de humo), pues en ella no sólo van otras personas que no son fumadoras, sino que trabajan personas que no tienen posibilidad de pedirle a clientes que no fumen, incluso si lo pide “por favor”. En los últimas décadas hemos avanzados en materia de no fumar en lugares públicos, ahora hay que dar un gran salto.




