viernes, septiembre 09, 2005

New Orleans, petróleo y discriminación: El que no llora, no mama


Artículo escrito para sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso (10 de septiembre de 2005)


La semana pasada nos remecimos con la furia de Katrina, huracán que dejó graves daños en los estados de Alabama, Mississippi y Louisiana, dejando sumergida gran parte de New Orleans. En esta última ciudad, miles de personas quedaron sin alimento ni agua, hacinadas en el estadio Superdome y en el Centro de Convenciones, miles de pobres, principalmente población negra, de color o africanos-americanos (para ser políticamente correcto), que no tenían como salir de la ciudad antes de que llegara el huracán. Y la ayuda no llegó con la rapidez esperada en la primera potencia mundial.

¿Discriminación racial y/o social?

En general, los grupos de más bajo ingreso no tienen poder para presionar a las autoridades, a través del lobby o los medios de comunicación. La atención de las autoridades, y los recursos que manejan, muchas veces se desvían hacia las demandas que pueden hacer con mayor fuerza, individuos o grupos que tienen mejor acceso a los que toman las decisiones y a los medios de comunicación.

¿Y qué sucede acá en el sur?

Periódicamente, cuando sube el precio de la gasolina, escuchamos múltiples voces, exigiendo que el corazón del Ministro de Hacienda se ablande y tome medidas para frenar las alzas. Los efectos de Katrina en el Golfo de México sobre la producción y refinación del petróleo, amenazaron con aumentos sin precedentes del precio de las gasolinas en Chile, ante lo cual el gobierno anunció que no lo permitiría y que se adoptarían medidas para evitarlo.

Para muchos lectores, incluyendo a este autor, es un alivio escuchar que la gasolina no seguirá esa escalada, pero ello no debiera evitar que analicemos quién asume el costo de no tener que pagar lo que cuesta la gasolina y otros efectos que se generan por esta medida.

Algunos señalan que esto no implica un costo para el gobierno, pues ha estado recaudando más impuestos por el IVA a las gasolinas, gracias a su mayor precio. Sin embargo, la pregunta clave es ¿cuál es la mejor alternativa para los recursos que se emplearán en aliviar nuestras billeteras?, o bien, ¿será lo mejor hacer menos cara la gasolina, para que los automovilistas sigamos utilizando nuestros vehículos?

Veamos un caso: hace algunos años se redujo el impuesto específico al diesel, tras la presión de los camioneros. Este año se ha aplicado un techo al diesel, dado que afecta al transporte público y de carga, lo cual genera impacto importante a los sectores de bajos ingresos y los costos de todos los sectores productivos. Pero, estas medidas han hecho cambiar la conducta de personas de ingresos medios y altos, quienes han adquirido automóviles a diesel y no a gasolina. Es decir, entre todos estamos contribuyendo a financiar el transporte de las familias de ingresos medios y altos; y si hablamos de esos todo-terreno de 15 millones de pesos y más, cabe preguntarse ¿no había una medida mejor que controlar el precio del diesel? ¿y ahora lo haremos con la gasolina?.
Sin duda, muchos aplaudirán la medida y/o criticarán por qué no se hizo antes, pero no escucharemos la voz de los más necesitados, quienes pudieron haber recibido esos recursos. Sólo en una catástrofe, como Katrina, estarán en portada y criticaremos por qué no se utilizaron recursos para ir en su ayuda antes. Mientras, saldremos a pasear en el automóvil; total parte del precio lo paga Moya.

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