martes, diciembre 22, 2009

El legado de Paul Samuelson

(Columna de Opinión publicada en sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso, 19 de Diciembre de 2009).
En marzo pasado, mi hija me preguntó si tenía “el Samuelson”, pues para su curso de economía en el colegio lo iban a utilizar. Es así como desde entonces, el libro de este economista ha ocupado parte del espacio en su mochila o casillero. De esta forma, generación tras generación uno de los economistas más importantes del siglo XX, fallecido el domingo pasado, ha influido a muchos.

Sus contribuciones en el campo de la economía son múltiples, pero en resumen fue el que más influyó en la forma de realizar análisis económico moderno. Se formó en Chicago y Harvard, y se desempeño como académico en el MIT, además de importantes cargos en el gobierno, como también de asesor y consejero de presidentes norteamericanos, recibiendo el Premio Nobel de Economía en 1970, premio que había sido instituido en esta categoría en 1969.

A diferencia de una postura ortodoxa, desde el pragmatismo destaca el valor del mercado como instrumento que permite mejorar el bienestar de la sociedad, teniendo presente la necesaria intervención que ayude a corregir las fallas que el mercado presenta en casos específicos.

Sin embargo, con sus libros, clases y columnas de opinión el objetivo final de este maestro no era otro más que las personas contaran con herramientas que le permitan comprender el problema económico y sus implicancias para la vida diaria, y de esta forma reducir la ignorancia, la cual es terreno fértil para quienes, incluso con buenas intenciones, terminan produciendo grandes males sociales. Ese es el legado que nos debe guiar en nuestro trabajo, para nosotros y para nuestros hijos.

Reajuste del Sector Público: ¿En el pedir no hay engaño?

(Columna de Opinión publicada en sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso, 21 de Noviembre de 2009).
Hace un año, me encontraba dictando un curso a funcionarios públicos en Iquique, justo cuando el paro de la ANEF estaba en el punto más álgido, pedían un reajuste de 14% y la oferta del gobierno era de 5,5%. El principal fundamento para sus demandas era la alta tasa de inflación. Al final el reajuste fue de 10% y la inflación se vino al suelo, transformado el reajuste del año pasado en un incremento real mucho mayor a lo que los mismo dirigentes esperaban.

Este año, la demanda del sector fue de un 8% y la oferta del gobierno de un 2,5%, la cual se acerca más a la realidad de un país que proyecta una inflación entre 2 y 3% durante 2010, pero con caída en la productividad, lo cual no hacía razonable un reajuste mayor. Sin embargo, nuevamente con un libreto ya aplicado en años anteriores: descalificaciones al Ministro de Hacienda, los paros y las presiones a parlamentarios, surtió efecto y obtuvieron un reajuste de 4,5%.

Los intereses de este, como de otros grupos en nuestra sociedad, al parecer se cobijan en la máxima “en el pedir no hay engaño”, pero es necesario aclarar que nos están tratando de engañar a todos los demás. ¿Es justo un reajuste que no tome en cuenta la productividad de cada trabajador, la percepción de los usuarios y otros criterios? Es hora de establecer reglas claras para definir el reajuste del sector público, y no dejarla a un proceso político que puede estar guiado por otros intereses. Avanzar en una normativa de negociación colectiva en dicho sector es un desafío que se debe afrontar lo más pronto posible.

El estímulo monetario: la tasa de interés y las medidas complementarias

(Artículo publicado en sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso, 7 de Noviembre de 2009).
En los últimos años, hemos visto una variación sustantiva en la inflación y del mismo modo en la Tasa de Política Monetaria (TPM). Durante los años 2007 y 2008, la preocupación estuvo centrada en la tasa de inflación, la cual medida por la variación en 12 meses del IPC llegó casi al 10%, muy superior a la meta del Banco Central de 3%.

En el presente año hemos vivido la otra cara de la moneda, los efectos de la crisis internacional rápidamente se traspasaron a la economía doméstica, siendo posible observar una pronunciada caída en la inflación dada la disminución en los precios de commodities, como el petróleo, y la caída de la demanda agregada. Es así que a Septiembre de 2009, la variación del IPC acumula en los últimos 12 meses un -1%, es decir, en promedio los precios de la canasta han disminuido.

Frente a estos sucesos, el Banco Central actuó usando su instrumento básico de manejo de la política monetaria: la TPM. Es así que desde comienzos de 2004, cuando se ubicó en 1,75%, el ente regulador aumentó sucesivamente la tasa de interés hasta llegar a ubicarla al nivel de 8,25% durante el último trimestre de 2008. Sin embargo, el cambio de escenario en materia de inflación produjo la reacción de la autoridad monetaria, reduciendo sistemáticamente el nivel de la TPM desde enero de 2009, para dejarla en 0,5% desde julio, el nivel más bajo que se ha observado.

La caja negra
La pregunta que aparece frente a estas acciones es ¿cómo la política monetaria espera afectar a la inflación? Inicialmente hay que destacar que la manera que se produce el efecto no es directa. El Banco Central, a través de los cambios de la TPM, afecta una serie de mecanismos a través de los cuales se intenta lograr el efecto deseado, teniendo presente que no tiene el control absoluto de estos, y aún no existe un entendimiento cabal de los mismos.

Estos mecanismos se pueden resumir en el efecto sobre: i) los precios de activos financieros, como acciones y bonos; ii) las decisiones de gasto que realizan las familias y las empresas; iii) las expectativas de inflación futura y las decisiones de reajustes de precios; y iv) el precio del dólar y de esta forma a los precios de bienes importados (efecto traspaso). Todo lo anterior afecta el nivel de la demanda agregada como también a los costos de producción y de esa forma a la tasa de inflación observada. Todos estos mecanismos toman tiempo en actuar, por lo que los impactos sobre la inflación se esperan que sean en un horizonte de dos años, en el caso chileno.

Sin embargo existe una clara limitación al poder del Central para influir sobre la tasa de interés en el mercado. La TPM es una tasa de muy corto plazo, la cual intenta influir sobre la tasa interbancaria, que corresponde a la tasa de interés que se cobran en las operaciones de crédito entre bancos, los cuales son al plazo de 1 día, mientras que las operaciones de las familias y empresas con instituciones financieras son a plazos mayores, que van de meses a años, por lo que su relación con la TPM es más débil.

Las medidas complementarias
Es por lo anterior que en las excepcionales circunstancias que se han vivido durante el último año debido a la crisis internacional, donde la liquidez del sistema financiero fue necesario reforzar, el Banco Central no sólo redujo la TPM paulatinamente hasta llevarla al 0,5%, sino que además adoptó una serie de medidas de apoyo, con el objetivo básico de lograr aumentar las posibilidades que la tasa de interés en el mercado para operaciones hasta 6 meses efectivamente bajará y se mantuviese baja lo suficiente para permitir la reactivación de la actividad, que en los últimos meses se ha comenzado poco a poco a notar, y así poder asegurar la futura convergencia de la inflación hacia la meta de 3%.

Sin embargo, la discusión radica en la ocasión y velocidad de eliminación de los estímulos monetarios, ante lo cual el instituto emisor ha decidido hacerlo de manera programada hasta mediados del próximo año, de la misma forma que en reiterados mensajes ha dado señales que el nivel de la TPM se mantendrá por varios meses, comenzando en 2010 la fase de normalización de la política monetaria.