jueves, julio 14, 2011

Presiones Inflacionarias

(Artículo publicado en sección Empresas & Negocios de El Mercurio de Valparaíso, 12 de Marzo de 2011).


Las noticias en relación a la inflación para este año no son las mejores. Tras una historia pasada de inflación alta y volátil, la inflación convergió, a fines de la década de los años noventa, a una tasa anual cercana al 3%, meta que tiene el Banco Central de Chile desde el año 2001, con un rango de tolerancia entre 2% y 4%.

Sin embargo, en los últimos 10 años, tres períodos la variación del IPC han estado fuera del rango meta del instituto monetario de manera persistente. Por un lado, desde el último trimestre de 2003 hasta el tercer trimestre de 2004 y desde mediados de 2009 a mediados de 2010, la inflación se mantuvo bajo el 2%, incluyendo meses de inflación anualizada negativa, es decir, una caída en el promedio de los precios de bienes y servicios de consumo. Por otro lado, desde Agosto de 2007 hasta Abril de 2009, la variación anual de la inflación se mantuvo por sobre el 4%, llegando algunos meses a rozar el 10%.

Desde los últimos meses de 2010, la economía chilena ha vuelto a niveles de inflación anual que se ubican dentro del rango meta del Central, incluso ha diciembre pasado la variación anual fue idéntica a la meta puntual de 3%, sin embargo una serie de alzas están golpeando a la economía mundial, y en consecuencia a los precios en Chile. Específicamente, los precios de distintos alimentos han llegado a niveles antes no visto en el mundo, levantando la preocupación incluso de organismos como la FAO. Además, la inestabilidad política en medio oriente y norte de África ha generado altos niveles de incertidumbre que han repercutido en el precio del petróleo. Estos dos hechos, más la sequía que repercutirá domésticamente en el precio de frutas y verduras, llevan a concluir que existe una alta probabilidad que la tasa anual de inflación se empine por sobre el 4%, durante 2011.

En general, nuestra economía es más sensible que otras economías del mundo a las variaciones de precios internacionales, como el petróleo y alimentos. Al ser una de las economías más abiertas del mundo y con bajos niveles de intervención en los precios de mercado, los cambios experimentados en el mercado mundial se transmiten sin mayor amortiguación al mercado local. Además, al comparar la situación con economías desarrolladas, el impacto del aumento de los precios de los alimentos es menor en esos países, pues la parte del gasto familiar que se hace en alimentación es menor en términos relativos a lo que se encuentra en un país como Chile.

Esos elementos explicaron el por qué Chile fue uno de los países que más se desvió de su meta de inflación en el período 2007-2008, aunque en esta ocasión un elemento adicional es la fuerte tasa de crecimiento de la actividad económica que se está registrando, lo cual lleva a que nos acerquemos a nuestro nivel de producción potencial, dejando poco espacio para ajustar vía aumento de producción, el aumento de la demanda agregada que se está registrando, convirtiéndose en otra fuente que puede empujar la inflación al alza, durante el presente año.

Frente ha este cuadro, la política monetaria ha respondido con aumento de la tasa de interés, en una trayectoria hacia un nivel normal, desde el 0,5% que hubo desde mediados de 2009 ha 3,5% en febrero. Nuevos aumentos se sucederán en los próximos meses, la duda es si los aumentos serán de un cuarto o medio punto porcentual, a partir del análisis que haga el Banco Central del escenario actual y futuro que enfrenta nuestra economía. Sin embargo, el sucesivo aumento de la tasa de interés presionará el precio del dólar a la baja, lo cual contribuiría a reducir las presiones inflacionarias, pero generará efectos negativos para el sector exportador del país. Esta situación hace necesario que no todo el esfuerzo sea hecho a través de la política monetaria, siendo necesario un ajuste fiscal, reduciendo la fuerte expansión que ha tenido los últimos años, ayudando a evitar la apreciación del peso. No obstante, el proceso político que debe enfrentar la política fiscal para llevar a cabo los ajustes necesarios, limitan la posibilidad que este se haga, en la magnitud y momento adecuado.

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