sábado, mayo 14, 2005

Distribución de Ingreso: La Piedra en el Zapato

Artículo escrito para sección Empresas & Economía de El Mercurio de Valparaíso (14 de Mayo de 2005)

Las elecciones presidenciales de este año han colocado en primer lugar la desigual distribución del ingreso que exhibe nuestro país en el concierto mundial. Parece existir un consenso entre las candidaturas que es un asunto prioritario. Veamos por qué este imperativo ético es una meta relevante desde el punto de vista económico.

En primer lugar existen estudios que plantean que una desigual distribución del ingreso genera efectos negativos sobre el crecimiento económico, que obstaculizan la recuperación de las legendarias tasas de crecimiento del 7%, observadas durante la década pasada.

Uno de los principales canales a través del cual la desigualdad se convierte en un freno para el crecimiento es la educación. Los hijos de las familias de ingresos bajos, la gran mayoría, alcanza pocos años de educación, debido a que no existen incentivos a mantenerse en la escuela; o a que los menores de edad se ven enfrentados a la necesidad de trabajar desde pequeños, sacrificando las horas de estudio, repitiendo el año escolar y terminando por abandonar la escuela. Esta baja acumulación de capital humano limita las posibilidad de crecimiento futuro de la economía nacional, pues contaremos con una parte importante de la fuerza laboral con pocas habilidades, lo que se traduce en una baja productividad.

En caso particular de nuestro país, no observamos un porcentaje importante de abandono de la escuela a nivel de enseñanza básica o media. Sin embargo, en todas las pruebas de medición de calidad de la educación y logros de aprendizaje, resulta evidente que los hijos de familias de bajos ingresos logran puntajes menores, en promedio, que los de ingresos altos. Lo anterior coloca barreras para que estos alumnos desfavorecidos accedan a mejores puestos de trabajo o continúen estudios en la universidad, lo cual limita sus posibilidades de ingresos monetarios a futuro.

Otro aspecto importante a considerar, desde el punto de vista económico, es la existencia de políticas inadecuadas. Por ejemplo, las políticas de impuestos progresivos (a mayor ingreso se aplica una tasa de impuesto mayor) tienen una finalidad redistributiva, pero terminan en la práctica con los agentes económicos destinando su tiempo a diseñar estrategias para reducir su carga tributaria. Un caso claro en nuestro país es que personas de altos ingresos crean empresas para ofrecer sus servicios en lugar de tener un contrato de trabajo, tributando como empresa y pagando menos impuesto que si tributaran como personas.
Lo llamativo en la carrera presidencial es que hoy se pone énfasis en este aspecto, lo cual ha generado la percepción de que en los últimos años se ha producido un aumento importante en la desigualdad, cuando en realidad este es un rasgo permanente en nuestras cifras económicas. Con gobiernos de derecha, centro e izquierda, democracia o dictadura, lo único que se observa son cambios muy pequeños de menor o mayor desigualdad, y la soluciones radicales y populistas no son recomendables, además de políticamente inviable.
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El coeficiente de Gini es un indicador utilizado para medir la desigualdad en la distribución del ingreso. Si el valor está más cerca de 0 los ingresos se distribuyen de manera más igualitaria, mientras que más cercano a 1 significa mayor desigual. Para el período 1958-2001, en promedio el Gini para Chile fue de 0,52, fluctuando ente 0,47 y 0,57. Países como Dinamarca, Noruega, Suecia y Finlandia tienen un Gini alrededor de 0,25, Estados Unidos 0,34, México 0,53, y pocos países, como Brasil, tienen un valor superior al de Chile.
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